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me voy yendo

Sebastián Fernández ("Pipino")
Autor del blog "Me voy yendo".



Acido e irónico. Soy práctico, pero paciente. Persistente, aunque decidido y fiable. Amistoso. Neural. A veces complicado, menos veces testarudo. Miento muy poco, pero cada vez mejor. Me gustan las cosas naturales. Busco placer y comodidad, por eso evito lo superficial y no soporto estar demasiado tiempo en casa.


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"Another thing, butterfly"
Por Sebastián Fernández ("Pipino")

Habíamos llegado a Te Puke en busca de un trabajo que nos permitiera viajar. Habíamos caído en el backpacker del peludo Berry. Habíamos sido estafados por él. Había jurado vengarme. Habíamos desertado al holiday park. Habíamos golpeado puertas en todas las packhouses y granjas de la zona. Habíamos caminado kilómetros a diario bajo el agua para eso. Habíamos puteado por no tener auto. Habíamos pasado noches frías sin colchas en la caravan del holiday park. Habíamos sido estúpidos por no pedirlas en la recepción.

Habíamos pasado hambre con sanguchitos de queso, y guerras que nos hicieron crecer, por estirar el billete que habíamos traído desde casa. Los gustos vendrán después, había pensado. Habíamos desesperado por no saber qué hacer, cuando el trabajo no aparecía. Habíamos conocido gente con muy buena onda y lugares increíbles viajando a dedo, sabiendo inconscientemente que eso sólo era el comienzo. Habíamos encontrado un nuevo y cálido hogar, y el primer empleo. 

Habíamos empezado a comer bien, pero habíamos hecho nuevos agujeros en los cinturones. Habíamos dejado de vivir después del trabajo, porque en este país no hay vida después del trabajo. Habíamos pedido el cambio al turno noche. Habíamos formado parte de un grupo humano inolvidable gracias a eso. Habíamos compartido salidas, cervezas, asados, cumpleaños, cartas de amigos invisibles, pensamientos, bromas, canciones, risas y filosofías entre tanto kiwi que va y que viene. A ellos el aguante y el corazón, aunque me había cansado de escuchar la frase “menos averigua Dios y perdona” cada vez que se me ocurría preguntar por el paradero de Fulanito o Menganita, sin percatarse de que "el diablo sabe más por viejo que por diablo...".

me voy yendo

Pero habíamos vuelto a vivir. Habíamos decidido que Te Puke era nuestro hogar. Habíamos aprovechado el sol que cada tanto aparece después de tanta tormenta. Habíamos pasado semanas sin trabajar, por culpa de tanta tormenta. Habíamos tenido la suerte de que nos encuentre un segundo trabajo, a la par, en las granjas.

Había salido finalmente el sol, y yo había sido una especie de leyenda por enfrentar a un encargado que trataba mal a todos los empleados. Había aprendido que acá creen que uno tiene miedo de perder la visa y ser deportado, y que por eso se sienten con ventaja y con derecho a tratarte mal, pero que si los enfrentas un poco, no te joden más y te dejan trabajar tranquilo, porque en el fondo saben que no saben con quién se meten, y uno puede jugar cualquier papel en esta obra. Había aprendido también, que uno puede armarse de varios personajes, y animarse a hacer ciertas cosas que en casa no sería capaz por la costumbre de ser quien uno es. Hablo de sutilezas, hablo de jugar a ser otro tipo de persona, hablo de ser extrovertido, histriónico, tímido, desvergonzado, hiperactivo, sereno, educado o vulgar, juegos que a mí me vienen al pelo porque ya me estaba cansando de ser yo.

Pero habíamos dormido muy poco con tanto trabajar. Habíamos vuelto a comer mal. Habíamos compartido problemas estomacales en la madrugada. Habíamos perdido la noción del tiempo. Habíamos dejado de existir. Habíamos resucitado un poco con cada tipo de tormenta; de un lado, del otro, garúa molesta, gota gruesa, con sol, con barro, con kiwis, con japoneses, aquella que llegó barriendo la ruta, soretes de punta, de arriba para abajo y de abajo para arriba, y por mi parte había aprendido a amarlas a todas, porque eran las únicas que me daban descanso.

Habíamos visto gente pasar por lo de Peter; dos chilenas que duraron lo que un pedo en la mano -de una ya hablé y a la otra la habremos asustado-, y un chileno que nos enseñó lo que había que saber para sobrevivir acá. A José las gracias.

Habíamos hecho nuevos amigos y habíamos dejado otros amigos atrás, y ahora nos tocaba a nosotros emigrar. Porque nos quedamos hasta el final de esta temporada de recolección y embasado de kiwi, hasta dar con eso que yo llamo la disyuntiva eterna. Ese tipo de cuestionamientos que uno se hace segundos antes de decidirse por el papel acolchadito, o del otro que raspa pero es más barato. Porque ya no queda nada en Te Puke, si es que alguna vez hubo algo, y hay que irse a buscar otras suertes para sobrevivir, y otras historias que contar. Quedan un par de días por delante para definirlo, disfrutar de lo que resta de la renta, los paisajes y las gentes, despedirse y después, a otra cosa mariposa.

 



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